Alonso, noble, valiente, pero atormentado por un miedo irracional a lo sobrenatural sobre todo a los espíritus, amaba la soledad donde nadie lo podía molestar, se sumergía en su mundo de fantasía donde no tenía ni problema, ni estrés debido al cargo en la nobleza. Solo había paz, una paz desmesurada, podía pasarse horas mirando el cielo dándole formas a las nubes, mirando como pasaba el agua del río y escuchando el ruido de las rocas arrastradas por este, Alonso también era muy enamoradizo y esto le jugó una mala pasada.
Iba a muchos lugares a meditar, sobre todo monasterios y palacios en ruinas donde nadie le molestaba. Eran lugares preciosos, a la mayoría se los había comido la naturaleza, eran tranquilos, y para Alonso guardaban muchísimos secretos. Se pasaba las horas imaginando qué había sucedido en esas ruinas.
Un día como otro cualquiera se dirigía a las ruinas de un monasterio en Zamora cerca de su palacio. Era uno de sus favoritos, era precioso, enorme, bastante bien conservado y repleto de vegetación, pero él no sabía que albergaba un secreto muy grande. Como siempre se sentaba dentro del monasterio y observaba atentamente cada detalle. De repente escuchó un ruido muy cerca de él pero no veía nada. Se asustó y salió fuera del monasterio, miró por todas partes y no vio nada. Empezó a gritar asustado - ¿HOLA? ¿HAY ALGUIEN?- no obtuvo respuesta. Después de unos minutos esperando, vio que estaba anocheciendo y volvió al palacio.
No tuvo agallas para volver al monasterio, a sí que unos días después fue a un antiguo palacio cerca del monasterio, que también era uno de sus favoritos. Entró y se sentó en unas rocas. El palacio era enorme, peor conservado que el monasterio pero, aun así, precioso. Estaba cerca de una colina llena de flores por donde pasaba un río. Alonso, sentado en una de las rocas, se tumbó en el césped y empezó a pensar sobre el ruido que había escuchado días atrás. Intentaba buscarle una explicación lógica, pero no la encontró. Estuvo tanto tiempo en el palacio que se durmió en el césped. Una horas después lo despertó un susurro en su oído - Despierta, que ya es tarde- Con una voz dulce y suave. Abrió los ojos, no vio nada, solo una sombra alejarse, salió corriendo tras ella pero esta ya había desaparecido.
‘Despierta que ya es tarde’ ‘Despierta que ya es tarde’. No hacía más que repetirse esas palabras en su cabeza, no se explicaba quién podía haber dicho eso y cómo había desaparecido tan rápido. Unos días después volvió al palacio en ruinas esperando ver algo, pero no fue así. Solo vio unos cuantos animales. Cuando ya se había dado por vencido y se marchaba del palacio, en la colina vio a una mujer preciosa, blanca con el cabello negro y largo, bailando y jugando con los animales. Salió corriendo detrás de ella, ella se dio cuenta y se metió en el bosque donde Alonso la perdió de vista.
Estuvo día y noche buscando a la joven, se había enamorado de ella, preguntó a todo el pueblo si la habían visto. Durmió tres días seguidos en el palacio en ruinas pero nada, la joven no aparecía. Cuando se dio por vencido volvió a ver a la joven en el mismo sitio y fue tras ella. La joven esta vez se quedó quieta, no huyó. A medida que Alonso se iba acercando a ella le iba cambiando la cara ya que se iba dando cuenta que no era una joven normal, sino que era un fantasma de una joven ya muerta.
Alonso le tenía terror a los fantasmas y a lo sobrenatural, pero el amor que sentía hacia ella era más grande que el miedo que lo invadía. - ¿No te doy miedo?- preguntó ella.
-No, por muy raro que parezca- dijo él. Estuvieron toda la noche paseando y hablando. Cada vez se enamoraban más. Ella le contó que había muerto no hacía mucho, unos 5 años más o menos se llamaba Noelia, y también se enamoró, pero como era obvio, no podían estar juntos.
Alonso unos días después habló con ella - Haré lo que sea para poder estar contigo -.
-¿Como qué?-.
- Me quitaré la vida si es necesario para poder estar juntos-.
- No, eso nunca, no hay nada más bonito que la vida, de verdad. Yo lo sé que ya no la tengo y no la supe aprovechar. Te esperaré, te lo prometo-.
- No, ya he tomado una decisión. Lo haré-.
- Si lo haces, no estaré contigo. Es fácil, si vives tu vida feliz y no intentas quitártela yo te esperaré todo lo que haga falta, nos veremos todos los días y cuando mueras por causas naturales estaremos juntos, pero si te quitas la vida no podrás estar conmigo-
Alonso insistió pero ella no cambió de parecer, así que Alonso aceptó.
Todos los días después de esto Alonso y Noelia se reunían en la colina y pasaban horas caminando y jugando con los animales. Un día, cuando Alonso estaba en su palacio, el hijo de uno de sus sirvientes le preguntó que qué era el amor. Él, con una sonrisa en la cara, le contestó: - El amor es algo sobrenatural y precioso y siempre hay que luchar por él, pero nunca hay que perder la vida por él-.
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